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Lo prometido es deuda, dijimos que íbamos a abundar en el QUIÉN es QUIÉN en el LEAN PROJECT MANAGEMENT y aquí estamos dispuestos a ello, con el riesgo de soltar rollos y pasarnos de teóricos, ¡ya nos avisaréis!

Empezamos nuestro trayecto por el Lean Project Management hablando de cuáles son sus fundamentos y sus normas internas que –como usuarios de LPM- debemos reconocer y asimilar para que la gestión de nuestros proyectos fluya de forma dinámica y efectiva.

El esquema conceptual en que se basa LPM es el siguiente:

ROLES – Define unas funciones concretas que debemos asignar entre las personas implicadas.

ARTEFACTOS – Define el uso de una serie de herramientas que deberemos manejar a lo largo de la gestión del proyecto.

PROCESOS– Define unas tareas de gestión y los tiempos o ciclos en que deben ocurrir.

¿Os suena? Sí, claro, por ahora no somos muy originales. Es lo mismo que en la gestión de proyectos tradicional: roles, herramientas y métodos. Ya en seguida se nos vienen a la cabeza definiciones como: líder, especialista, técnico, Microsoft Project, Gantt, PMI, A-SAP… ¡¡Más de lo mismo!!

Sí, es cierto, LPM y lo de siempre se parecen mucho… por ahora. Aunque ya os avanzamos que podréis olvidaros de líderes y de Gantt. Sigamos, que aquí estamos poniendo las bases de partida, y esto tiende siempre a ser un poco denso.

Decimos que Lean Project Management es una metodología práctica, dinámica y muy eficaz, que nos permite ver resultados a corto plazo; incluso decimos que es divertida (y aquí podemos preguntarnos… ¿es necesario que sea divertida?). Bien, pues aclaremos desde ya que algo que nos aporte tanto también ha de tener sus peajes. Los peajes del LPM son unos mecanismos internos sencillos pero estrictos, en el sentido de que requieren disciplina a la hora de utilizarlos. Con ello no queremos decir que hasta ahora no hayamos sido serios con la puesta en práctica de nuestras metodologías clásicas, claro.

Por último, queremos añadir que LPM es una metodología adaptativa, es decir, que cada empresa o equipo puede adaptársela a su tipología de proyectos y a su particular forma de funcionar. Seguramente también como habéis hecho hasta ahora, ¿o no? Pero cuidado, que una vez hayamos definido qué formato de LPM queremos seguir… tendremos que ser muy rigurosos en su aplicación.

Ah, y para los defensores de la gestión de proyectos tradicional, decir que aquí se acaban las similitudes entre las llamadas metodologías ágiles y las tradicionales, en adelante ya tomamos derroteros bien distintos… ¡Por si queréis pertrecharos de antídotos!