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La tecnología 5G no sólo supone un gran salto en cuanto a velocidad de transmisión de datos, ancho de banda y mínima latencia. Además, abre a la industria móvil la posibilidad de convertirse en la catalizadora de cambios relevantes, y no sólo en el ámbito de los negocios, sino en cualquier otro vinculado al modo en que gestionamos nuestro tiempo, quehaceres diarios y nuestro ocio.

5G no sólo permitirá una mayor velocidad de transmisión y descarga de datos entre dispositivos, también abrirá la puerta de entrada al desarrollo de nuevos servicios vinculados a la extensión masiva de IoT (Internet de las cosas) en el ámbito urbano. De esta manera, esta tecnología se convertirá en uno de los pilares de la siguiente etapa de desarrollo de la economía de la información y sustentará su progreso. Un ejemplo de ello lo podemos ver hoy en los nuevos servicios de movilidad en las ciudades; ligados a las primeras flotas de coches eléctricos vía móvil, dependen de la capacidad de establecer servicios tipo vehículo-como-infraestructura, un desarrollo estrechamente vinculado a las capacidades que ofrece 5G.

En un futuro cercano, las ciudades donde residimos tenderán a sensorizar y conectar cada vez más a sus habitantes, tanto vía infraestructuras como vía servicios; y la seguridad de las transmisiones inalámbricas de información vía 5G, resultará absolutamente crítica.

Perspectivas de seguridad en la 5G

Evitar que los hackers y/o ciberdelincuentes puedan alterar o bloquear servicios básicos en las ciudades, mediante ataques de Negación de Servicios Distribuidos (DDos), o que se hagan con datos que les permitan poner en riesgo la seguridad de la ciudadanía será vital, si no lo es ya, para la salud de las Smart Cities. Por fortuna en la 3GPP, nombre del acuerdo y por extensión de la sociedad que reúne a las cinco organizaciones más importantes del mundo ocupadas en desarrollar estándares tecnológicos para las comunicaciones móviles, garantizar la seguridad de éstas ha sido siempre prioritario.

Así, ATIS (América del Norte), ETSI (Europa), ARIB/TTC (Japón), CCSA (China), y TTA (Corea del Sur) ya han aunado esfuerzos para hacer la transmisión de datos vía redes 5G lo más fiable y segura posible. De hecho actualmente existen hasta ocho nuevos mecanismos avanzados de seguridad basados en la autenticación a través de nodos, así como otras capacidades adicionales que plantean exigencias nuevas para permitir el acceso seguro a redes centrales.

En el caso de las redes 5G, se rompe la tendencia habitual, según la que los desarrollos de los hackers y ciberdelincuentes suelen correr en paralelo a los avances tecnológicos. Hoy, la prevención parece ir por delante; su arquitectura es la primera que es capaz de soportar servicios segmentados, concretos, lo que permite a los operadores establecer para cada uno requisitos de seguridad particulares. Esta posibilidad, abierta desde hace años para entornos de red empresarial, mitiga los riesgos de seguridad en gran medida.

Pero las vulnerabilidades y amenazas vinculadas a las capacidades de las futuras redes 5G no desaparecerán por arte de magia, muchas de ellas se han identificado en un reciente informe publicado por la asociación 5G Americas bajo el título “The Evolution of Security in 5G” cuya consulta puede resultar pertinente. Sin embargo, para cuando esta nueva tecnología entre en vigor (no tiene fecha definitiva, pero se calcula que pueda llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020), sin duda se habrán resuelto estos retos.