Cansados estamos todos de oír que en un contexto de transformación acelerada y competitividad global, la formación continua de los trabajadores se ha convertido en una inversión clave para el crecimiento sostenible. Sin embargo, España mantiene congelada desde 2008 la financiación pública por hora de formación empresarial: 7,5 € por alumno/hora en teleformación y entre 9,0 y 13,0 € en presencial, sin reflejar el aumento del 42% del IPC en enseñanza entre 2008 y 2024.
Este desfase tiene consecuencias directas sobre la calidad, el acceso y la eficacia de la formación, limitando nuestra capacidad de competir con países que han apostado decididamente por actualizar sus modelos.
En España, la financiación de la formación bonificada para empresas, gestionada por FUNDAE/SEPE, se topa por unos módulos que no han variado en 15 años. Esta falta de actualización ha provocado que las empresas dejen de aprovechar unos 2.200 millones de euros teóricamente disponibles desde 2008, y que los gestores y entidades formadoras hayan dejado de percibir 220 millones de euros en honorarios. Esto impacta directamente en la calidad: sueldos bajos, dificultad para atraer formadores expertos, metodologías poco innovadoras y cursos breves y generalistas.
Ponemos a continuación una serie de tablas de fácil lectura que hablan por si solas.
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