La formación bonificada, gestionada a través de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (Fundae), lleva años consolidada como una de las principales herramientas para impulsar el desarrollo de competencias en las empresas españolas. Su valor reside no solo en la financiación parcial o total de las acciones formativas, sino en la posibilidad de alinear la capacitación de las plantillas con los objetivos estratégicos y operativos de cada organización.
El informe publicado recientemente por Fundae ofrece una radiografía precisa del uso que las empresas han hecho de este recurso en el pasado ejercicio. Los datos evidencian una tendencia positiva en términos de adopción, pero también muestran una brecha significativa entre grandes compañías y Pymes, tanto en grado de utilización como en enfoque. Mientras que las primeras integran la formación en su planificación anual y optimizan el crédito disponible, muchas Pymes siguen viéndolo como un elemento accesorio, lo que limita su potencial como palanca de competitividad, productividad y retención del talento.
En este análisis repasamos los principales indicadores del último informe, identificamos áreas con mayor demanda formativa y examinamos el papel que septiembre puede desempeñar como punto de revisión y ajuste del plan formativo anual.
En 2024, un total de 347.442 empresas impartieron formación bonificada, cifra que representa el 20,5 % del total de compañías con derecho a crédito. El dato más relevante se encuentra en las Pymes de entre 10 y 49 empleados, que solo utilizaron el 43,1 % del crédito disponible. Por otra parte, solo el 15,3% de las microempresas han aprovechado su crédito formativo en el pasado ejercicio.
Este comportamiento apunta a un reto pendiente: trasladar a las pequeñas y medianas empresas la idea de que la formación bonificada no es únicamente un mecanismo de reducción de costes, sino una herramienta de desarrollo organizativo y competitividad. La baja utilización del crédito en este segmento puede estar relacionada con tres factores:
En el caso de las compañías con más de 250 empleados, el informe muestra un patrón diferente:
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