En un mundo donde la transformación digital es clave para la competitividad, las empresas deben encontrar el equilibrio perfecto entre modernización, control y eficiencia. La nube híbrida se ha convertido en la respuesta para aquellas organizaciones que buscan combinar la flexibilidad de la nube pública con la seguridad y el rendimiento de los entornos on-premise. Pero ¿cómo lograr esta integración sin comprometer la operatividad del negocio?
En este artículo, exploramos por qué la nube híbrida sigue siendo una estrategia esencial y cómo aprovechar su potencial para una IT más ágil, eficiente y preparada para el futuro.
Cualquier entorno de IT empresarial es una mezcla híbrida de aplicaciones modernas y tradicionales.
Los modelos nativos cloud de aplicaciones orientadas al cliente son la cara moderna de la empresa, mientras que detrás de esta escena hay aplicaciones longevas y resistentes al cambio que hacen el trabajo pesado.
Según el último pronóstico de Gartner, el 90 % de las organizaciones adoptarán un enfoque de nube híbrida con vistas a 2027. Este pronóstico destaca la creciente necesidad de que las empresas amplíen su infraestructura de nube híbrida, especialmente a medida que buscan construir e implementar más cargas de trabajo de IA generativa.
Aun así, los modelos de negocio actuales y los indicadores de competitividad dictan que las aplicaciones deben recibir actualizaciones periódicas, integrarse libremente con una variedad de sistemas modernos y tradicionales y respaldar formas flexibles de trabajo y consumo.
Este es el motor detrás de la llamada «nube privada», o en otros términos, aplicaciones on site con acceso a plataformas de infraestructura de alta disponibilidad, con una alta variedad de funcionalidades, automatizadas y comercialmente muy flexibles.
Durante los primeros días de la adopción de modelos cloud, la nube privada era un diferenciador competitivo. Fue un primer paso hacia la modernización para las empresas más reacias al riesgo o para aquellas que se enfrentaban a restricciones o limitaciones en aplicaciones que les dificultaban hacer la transición al cloud. Parecía un movimiento positivo para aquellos remisos a renunciar a la percepción de seguridad y la conveniencia de su infraestructura de IT existente. Hoy en día, sin embargo, ninguna empresa puede permitirse mantener sus sistemas 100% en sus instalaciones o basados completamente en modelos de máquinas virtuales.
De ahí la aparición del modelo de nube híbrida, que combina la escala y la flexibilidad de la nube pública con el control de los sistemas locales sobre las comunicaciones, la gobernanza y la soberanía digital. Sin embargo, para ser prácticos en este modelo intermedio, se necesita un nivel de funcionalidad similar a la nube en las instalaciones on-premise, adaptada al entorno único del propietario y conectada y coordinada con la nube.
En primer lugar, sí. Hay muchas razones para mantener al menos parte de la IT en las instalaciones locales. Puede haber requerimientos de soberanía de datos que hagan necesario que los datos se almacenen en una geografía específica por razones regulatorias o de privacidad. Es posible, también, que se necesite una latencia extremadamente baja para algunas aplicaciones críticas, que la nube pública no puede proporcionar.
Podría ser una cuestión de control de costes (hablamos sobre ello más adelante) y, francamente, algunas aplicaciones son demasiado anticuadas e inadecuadas para migrar a una nube pública. Las aplicaciones tradicionales todavía necesitan un lugar donde ser alojadas.
Del mismo modo que no pediríamos a nuestros padres que utilizaran un servicio de car sharing, algunas bases de datos grandes y estáticas tampoco pertenecen a un entorno de nube pública.
“La nube híbrida ofrece la escalabilidad y la flexibilidad de la nube pública con un mayor control, lo que reduce el tiempo de comercialización, mejora la experiencia del cliente y optimiza los costes de IT, cumpliendo simultáneamente con los requisitos de cumplimiento de normativas, seguridad y sostenibilidad.”
Es importante tener en cuenta que usar instalaciones on-premise no significa ser anticuado. Se pueden alojar aplicaciones modernas en contenedores en una nube privada, pero no se puede colocar una aplicación tradicional en la nube pública sin algunos cambios significativos tanto en el diseño de la aplicación como en los procesos empresariales. Puede convertirse rápidamente en una pesadilla de costes y configuración.
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