Este artículo continúa el análisis iniciado en la primera parte sobre el papel de las competencias transversales en la era de la inteligencia artificial.
Si quieres entender por qué estas habilidades son hoy más críticas que nunca, puedes leer la primera parte aquí:
5. Experiencias que impulsan el desarrollo de competencias transversales
Contar con un roadmap ayuda a estructurar el aprendizaje, pero el verdadero desarrollo de las competencias transversales se produce cuando se ponen en práctica en situaciones reales. Es precisamente en ese punto donde los departamentos de Talento y Formación, junto con los líderes de la organización, pueden desempeñar un papel decisivo: identificar oportunidades de aprendizaje dentro de la propia empresa y facilitar que las personas accedan a ellas.
En muchas ocasiones estas oportunidades ya existen, pero no siempre son visibles o se aprovechan adecuadamente.
La participación en proyectos que implican la colaboración entre distintas áreas de la empresa es una de las formas más eficaces de desarrollar habilidades transversales.
Por ejemplo, cuando un perfil técnico colabora con el área de marketing o un profesional financiero participa en una iniciativa relacionada con la experiencia del cliente, se generan situaciones que obligan a:
En un periodo relativamente corto, estas experiencias permiten entrenar competencias como la colaboración, la influencia, el pensamiento sistémico y la orientación a resultados.
Las competencias transversales se consolidan especialmente cuando se practican en situaciones reales: proyectos interáreas, stretch assignments, shadowing, micro-retos o iniciativas de co-desarrollo. La inteligencia artificial puede complementar estas experiencias mediante simulaciones, análisis de escenarios o personalización del aprendizaje.
Asignar a una persona una responsabilidad ligeramente superior a su zona de confort —por ejemplo, coordinar un proyecto, dirigir una reunión estratégica o representar al equipo en un comité— genera un contexto de aprendizaje especialmente potente.
Estas situaciones:
En la práctica, funcionan como auténticos laboratorios donde se desarrollan habilidades de liderazgo, comunicación y gestión emocional.
El job shadowing, que consiste en acompañar a un profesional experto o a un líder durante su actividad diaria, permite observar directamente cómo se toman decisiones, cómo se gestionan equipos y cómo se afrontan situaciones complejas.
Por otro lado, el co-liderazgo implica dirigir conjuntamente un proyecto o iniciativa con otra persona, lo que obliga a negociar estilos de trabajo, coordinar decisiones y compartir responsabilidades.
Ambos enfoques facilitan un aprendizaje basado en la observación, la reflexión y la práctica real.
Los micro-retos organizativos, con una duración aproximada de entre cuatro y seis semanas, representan otra herramienta muy eficaz para el desarrollo de competencias.
Estos pequeños desafíos pueden consistir, por ejemplo, en:
A través de este tipo de iniciativas, las personas aprenden a:
Este tipo de dinámicas fomenta el pensamiento crítico, la creatividad aplicada y la capacidad de gestionar proyectos.
La participación en espacios de desarrollo colaborativo —por ejemplo en ámbitos como innovación, sostenibilidad, diversidad o análisis de datos— permite a los profesionales interactuar con realidades organizativas diferentes.
Este tipo de iniciativas:
Además, facilitan la conexión entre el propósito personal y los objetivos estratégicos de la empresa.
Cuando los equipos de Talento y Formación impulsan estas experiencias y las integran dentro de los itinerarios de desarrollo, se convierten en auténticos motores del crecimiento de las competencias transversales.
Las competencias transversales generan impacto real en las organizaciones. A continuación se presentan algunos ejemplos observados en organizaciones acompañadas por Atesora Group.
Una analista de datos dominaba herramientas de automatización de informes, pero su trabajo tenía escasa visibilidad fuera de su área.
Tras trabajar conscientemente en mejorar la comunicación de insights y el storytelling con datos, simplificó informes, redujo la complejidad de gráficos y comenzó a presentar escenarios y recomendaciones orientadas al negocio.
Como resultado, pasó a participar en comités de decisión y su papel evolucionó desde un rol técnico hacia el de business partner para las áreas comerciales.
La implantación de herramientas de inteligencia artificial en un equipo operativo generó incertidumbre entre los profesionales.
El responsable del equipo trabajó específicamente en su capacidad de escucha, gestión del cambio y comunicación transparente. Organizó sesiones informativas, explicó qué tareas se automatizarían y cuáles se transformarían, y estableció espacios de diálogo con el equipo.
El resultado fue una mayor participación en los proyectos piloto y un aumento significativo de la confianza en el liderazgo.
Una analista junior con menos de dos años en la empresa fue invitada a coordinar un proyecto piloto de sostenibilidad que implicaba a varios departamentos.
Durante el proceso tuvo que desarrollar habilidades como la gestión de stakeholders, la negociación y la comunicación estratégica.
El proyecto tuvo éxito y, pocos meses después, la profesional fue promovida a un puesto de coordinación permanente.
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